5 mujeres por recordar, 5 tumbas por visitar
Ana Pérez Luna
Ana Pérez Luna
@AnaPerezLuna
24 de enero de 2019

 

 

Ya desde el principio de los tiempos, un acontecimiento natural e inherente a cualquier ser vivo como es la muerte, ha estado revestido de un halo de misterio para el ser humano. Afrontar el final de la vida de algún ser querido o de alguna persona admirada suele ir acompañado de algo más que un ritual de despedida. Así, según cada cultura, cada religión, incluso cada entorno familiar, se hace gala de una serie de particulares cultos.

 

En España la visita a los cementerios solía reducirse a determinadas fechas concretas y a un ámbito más bien privado. Sin embargo, en los últimos tiempos, nuestro país va dejando atrás una cierta superstición heredada de otros tiempos y se va incorporando a la tendencia de países y ciudades, donde visitar la necrópolis forma parte del hábito turístico. Y es que existen verdaderas bellezas arquitectónicas que merecen ser visitadas como el cementerio Père-Lachaise, en París o el de La Recoleta, en Buenos Aires.

 

Entre las motivaciones de moda para acudir al camposanto está la curiosidad por conocer el lugar donde está enterrado algún ídolo o personaje famoso. Hemos seleccionado cinco tumbas muy visitadas de mujeres que han marcado la historia en distintos ámbitos.

 

Vista aérea del cementerio de Montparnasse, en París

El cementerio de MontParnasse, ubicado en el barrio del mismo nombre, fue construido en 1824 y se ha convertido en un lugar muy frecuentado por los amantes de la Bohemia parisina. En él descansan los restos de  grandes intelectuales y artistas.



Simone de Beauvoir

Corría abril del 1986, cuando Simone de Beauvoir, con 78 años de edad y afectada de un embolia pulmonar, dejaba huérfano uno de los movimientos más importantes en la Historia de las mujeres, el feminista. La filósofa francesa fue una prolífica escritora. Su obra icónica, El segundo sexo, ha terminado por convertirse en un ensayo de cabecera para los estudiosos de la materia.

La vida de Beauvoir es la historia de una mujer comprometida, la de una activista en pro de los derechos de la mujer, pero también la de una visionaria que vivió todas sus facetas vitales con una extraordinaria libertad. Sus restos, que fueron acompañados desde el hospital hasta el cementerio de Montparnasse por miles de mujeres ataviadas de símbolos feministas, descansan junto al que fue su compañero durante cinco décadas, el también reconocido filósofo, Jean Paul Sartre.

 

 

El cementerio Pierce Brothers Westwood Village Memorial Park & Mortuary, en Los Ángeles, fue utilizado como lugar de enterramientos desde la década de 1880, sin embargo, no es hasta 1905 cuando se establece oficialmente como tal.

Aunque es el lugar de descanso de algunas grandes celebridades de la industria del entretenimiento, también contiene las tumbas de muchas personas anónimas.

Marilyn Monroe

Los restos de una de las mujeres más sensuales de todos los tiempos, Marilyn Monroe, descansan discretamente en un modesto nicho en el Westwood Memorial Park de Los Ángeles. Después de la famosa secuencia en la que la modelo y actriz aparece con las faldas al vuelo en La tentación vive arriba, probablemente la imagen que la mayoría del público retiene en el recuerdo es la mítica escena -real- en la que cantaba el cumpleaños feliz al entonces presidente de los EE.UU., John Fitzgerald Kennedy. Sin embargo, las condiciones en las que Norma Jean Baker, así se llamaba, llegó, de manera prematura, al final de su vida fueron de un importante deterioro físico y psicológico. Nos quedan sus maravillosas y numerosas interpretaciones y su pizpireta actitud que, en realidad, escondía una vida tremendamente dramática.

 

 

Uno de los cementerios más afamados, el de La Recoleta, está situado en la capital argentina. Se trata además de uno de los grandes atractivos turísticos de Buenos Aires, no solo porque en él descansan los restos de destacadas personalidades del país, sino porque es una verdadera belleza arquitectónica. En su lugar se encontraban una iglesia y un convento construidos en el siglo XVIII por los frailes de la orden de los recoletos descalzos. En 1822, la huerta del convento fue transformada en el primer cementerio público de la ciudad y, fruto de diversas reformas, ha terminado convertido en una verdadera obra de arte con numerosos mausoleos y bóvedas diseñados por renombrados arquitectos. Casi un centenar son Monumento Histórico Nacional.

Eva Perón 

Marcada desde su infancia por ser hija ilegítima, Evita Perón, como se conocía más comúnmente a la política argentina, desarrolló un carácter rebelde e inconformista que la llevó a iniciar permanentes luchas de sensibilidad social. Fue la líder espiritual de los llamados “descamisados”, el ala más beligerante del movimiento político encabezado por su marido, Juan Domingo Perón, que alcanzaría la presidencia de Argentina en 1946.

Un fulminante cáncer de útero acabó con la vida de esta controvertida lideresa y dejó al peronismo en un declive que tardaría poco en tocar fondo. El cuerpo sin vida de una mujer que levantaba encontradas pasiones fue trasladado a Italia y posteriormente a España con la excusa de evitar masivas peregrinaciones a su tumba. Actualmente, sus restos descansan en el cementerio de La Recoleta donde fueron trasladados por la última esposa del presidente Perón.

 

 

Con una media de dos millones de visitas al año, el cementerio parisino del Père-Lachaise es uno de los que cuenta con mayor fama internacional. Desde su inauguración, en 1804, ha sido ampliado en cinco ocasiones y actualmente cuenta con unas 70.000 tumbas. En la zona este se encuentra el Muro de los Federados, ante el que, en 1871, fueron fusilados 147 dirigentes de la Comuna de París.

Edith Piaf

La desdicha acompañó desde su nacimiento al icono de la canción francesa del siglo XX. La artista conocida como Môme Piaf (pequeño gorrión), superó una infancia marcada por unos padres alcohólicos y una abuela que se hizo cargo de ella mientras regentaba un burdel; su juventud no fue menos dramática: quedó embarazada con 16 años y dos años más tarde murió su hija.

La voz desgarradora la Môme empezó a escucharse en las calles de los suburbios parisinos donde, a duras penas, comenzó a ganarse la vida, y donde también se vería obligada a volver en alguna otra etapa de su maltrecha vida. Su momento de mayor proyección llegó tras la Segunda Guerra Mundial cuando se convirtió en la musa de los intelectuales del existencialismo parisino. En la memoria de todos La Vie en Rose, Non, je ne regrette rien o La Foule.

Tras su muerte en 1963, miles de parisinos se unieron al cortejo fúnebre por las calles de la ciudad de la luz hasta cementerio de Père Lachaise.

 

 

 

Isadora Duncan

Las cenizas de Isadora Duncan se encuentran también en el mismo cementerio parisino. La muerte de la que ha sido considerada inventora de la danza moderna no pudo ser más trágica: estrangulada por su propio fular que se enganchó a la rueda del coche en marcha en el que viajaba.

Para esta norteamericana de ascendencia irlandesa, el mar fue un elemento clave en su pasión por el baile: “Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas…”.

Durante su etapa de vida europea, asentada temporalmente en Londres y París, Isadora, autodidacta desde muy joven, observaba los movimientos de la danza a través de las obras clásicas de los distintos museos que solía visitar. Y llegó a revolucionar un contexto artístico que en aquel momento se basaba en la revisión generalizada de los valores antiguos. Esta precursora rompió incluso con la sofisticada estética clásica del tutú y el impecable recogido: ella bailaba sin maquillaje, con la melena suelta y descalza.

 


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