Viaje al pasado desde el interior de seis cuevas
Laura Blanco Alegre
Laura Blanco Alegre
@lblancoalegre
19 de junio de 2019

 

 

Las cuevas fueron el primer hogar del homo sapiens al igual que refugio de todo tipo de animales y testimonio geológico de la evolución del planeta. Ejercen una atracción especial, ya sea por las formas y colores que los minerales que forman sus paredes y filtraciones de agua llevan miles de años esculpiendo o por los testimonios artísticos prehistóricos que los primeros hombres dejaron en ellas conforme su pensamiento abstracto iba evolucionando. Más allá de aquellas sólo aptas para visitantes con conocimientos de espeleología, existen varios ejemplos de cavidades acondicionadas para el común de los mortales que garantizan un espectáculo natural y, allí donde está permitido, una colección de fotos increíbles. Proponemos aquí un recorrido por algunos ejemplos variados, no todos tan conocidos como la Gruta de las Maravillas o Altamira pero merecedores de una visita.

 

La cueva del Agua (Quesada, Jaén)

Recientemente declarada Monumento Natural de Andalucía por el Gobierno autonómico, es, paradójicamente, una cueva a cielo abierto, ya que se trata de una garganta formada por la erosión del río Tíscar. Su interior permite disfrutar de cascadas, pilones y saltos de agua de su caudal entre la roca caliza del Monte del Caballo hasta formar el llamado Pilón Azul para seguir su curso. Pese a su cercanía a localidades tan turísticas como Cazorla para los amantes de la naturaleza, no está, afortunadamente, saturada de visitantes. La entrada se sitúa junto al santuario de la Virgen de Tíscar, que según la tradición se apareció en esta cueva (la gente pone velas y flores a una pequeña réplica dentro), a través de un túnel de unos diez metros de largo y uno de alto. A partir de ahí, se abren los distintos espacios donde se combinan escaleras hechas en la roca con pasarelas de madera para facilitar el acceso a las vistas de los distintos rincones. La visita es libre y gratuita pero tiene un horario de acceso vinculado al del santuario.

 

Can Riera (Torrelles de Llobregat, Barcelona)

Hasta no hace mucho, este conjunto de cuevas de tierra arcillosa moldeada por el viento y el agua era también un pequeño tesoro como el del monumento principal de la Petra jordana al que recuerda en algunos momentos por el color rojizo y las vetas de sus paredes. Pero un aumento descontrolado de visitas ha llevado al Ayuntamiento de la localidad del Alto Llobregat a declararlas Bien de Interés Municipal y restringir el acceso para estudiar medidas que permitan que podamos seguir disfrutando de ellas sin poner en riesgo su conservación. Para llegar a ellas, la parte final del camino obliga a trepar por la roca en la que se acumula la arena roja en cantidades cada vez mayores conforme se acerca la cumbre y con chumberas secas y algunos arbustos como barandilla. Una vez allí, las cavidades aparecen interconectadas entre sí, con vistas de unas a otras a través de agujeros fruto de la erosión que crean auténticas bóvedas naturales. Aunque sea con control y restricciones, esperemos que el Ayuntamiento de la localidad barcelonesa decida pronto reabrirlas para poder seguir disfrutando de ellas.



Cueva del Castillo (Puente Viesgo, Santander)

Hablar de Cantabria y de cuevas es inevitablemente hablar de Altamira, la joya de la corona de la pintura rupestre en España que, desgraciadamente, también hace años que sólo se puede disfrutar de manera muy restringida y obliga a conformarse con la excelente reproducción diseñada en el lugar. Pero lo cierto es que el monte cántabro está lleno de este tipo de cavidades que, además de al famoso oso pardo, sirvió de refugio a los primeros humanos, de ahí que muchas de ellas ofrezcan a partes iguales arte natural fruto de las caprichosas formas que adopta la roca con el paso de los años y los fenómenos naturales pero también del arte producido por la mano del hombres. Es el caso del conjunto de cuatro cuevas del Monte del Castillo, en la localidad de Puente Viesgo, entre las que destaca la Cueva del Castillo, conocida por las manos en negativo impresas por nuestros antepasados en sus paredes. La visita es guiada por grupos de 15 personas (cierra los lunes) y las entradas cuestan tres euros y se pueden comprar por internet.

Gruta de la Maravillas (Aracena, Huelva)

Pese a ser archiconocida, no podía faltar en un recorrido por las cuevas de España. Su conjunto de estalactitas (las que salen del techo), estalagmitas (las del suelo) y lagos subterráneos de aguas esmeralda hace honor a su nombre. De fácil acceso, con toda una puerta de entrada en pleno centro de la localidad onubense junto a las taquillas (las largas colas hacen aconsejable comprar las entradas por internet), aunque el recorrido está estandarizado e incluye las “salas” con las formas más espectaculares, hay muchos rincones que no se visitan por la necesidad de combinar la difusión de esta formación con su delicada conversación, ya que al tratarse de una cueva viva, está en constante transformación, aunque sea a razón de micromilésimas anuales. Y es que su principal elemento es el carbonato cálcico, que reacciona al contacto con el agua y la luz formando columnas que semejan mármoles, garbanzos rojizos donde la roca presenta un alto contenido en cobre y auténticas ciudades subterráneas bajo las aguas cristalinas de sus lagos. De los más de 2.000 metros de galerías conocidos, apenas se recorren dos en visitas guiadas por grupos. Con motivo del centenario de su descubrimiento en 1914, hace cinco años se abrieron espacios nuevos a las visitas que de momento no se han incorporado al recorrido habitual ya que ello necesita una iluminación especial y la construcción de accesos que no afecten a la vida natural de la gruta. Uno de ellos se conoce como Sala de los Banquetes porque es donde se instaló el refrigerio que se ofreció al Rey Alfonso XIII cuando la visitó en 1929. Abre todos los días y la entrada general cuesta 10 euros.

Santa Cueva de Covadonga (Cangas de Onís, Asturias)

En plenos Picos de Europa, algo por debajo de los famosos lagos, la Cueva de Covadonga es hoy más popular por su valor religioso que geológico. No en vano lleva el sobrenombre de Santa y alberga una pequeña capilla con una imagen de la “Santina” en la que se celebran misas y todo tipo de ritos católicos, aunque la patrona de Asturias tiene hoy todo un santuario construido unos metros más abajo. Con todo, el conjunto de la cascada sobre la gruta y el simbólico entorno,  desde la campanona (poco antes de entrar en el túnel que da acceso a la cueva) a la fuente de los siete caños situada en la marte baja, dan al lugar cierto aire espiritual o místico. La leyenda atribuye a este punto el inicio de la Reconquista de la Península por parte de Don Pelayo contra la invasión musulmana y, de hecho, en los alrededores se rinde honor al héroe asturiano con una estatua. Y en momentos históricos más cercanos, es una estampa mítica en la habitual etapa de la Vuelta Cicilista a España con el ascenso a los lagos. La entrada es libre y gratuita aunque con horario restringido y normas propias de un lugar de culto.

Cueva de Nerja (Nerja, Málaga)

Hemos dejado para el final la Cueva de Nerja inmersa este año en la celebración del 60 aniversario de su descubrimiento por un grupo de jóvenes del municipio malagueño cuyo objetivo era cazar murciélagos en un pozo de las afueras del pueblo que conocían pero unas estalagmitas les impedían entrar hasta donde se escondían, por lo que regresaron al día siguiente con lintenas y martillos y tras romper estas formaciones accedieron a una gran cavidad desde la que accedieron a otras estancias, una de las primeras la sala del auditorio, la más conocida hoy de la cueva no sólo por la majestuosidad de su decoración natural sino porque su excelente acústica la convierte en el auditorio ideal para recitales de grandes figuras que han pasado por el festival que cada verano acoge la cueva, desde Montserrat Caballé a Ainhoa Arteta (este año actuarán dentro Rocío Molina el 26 de julio y la orquesta Concerto Málaga el 27). De nuevo las filtraciones de agua a través de la roca, dejando fuera su dióxido de carbono y disolviendo los metales y minerales de las paredes que atraviesa, son las responsables de los espeoltemas en forma de macarrones en las paredes, conos en el techo o perlas en el suelo decoran las estancias. Por parte de la mano del hombre, también registra pinturas rupestres, sobre todo de animales como ciervos, ya que en su conjunto supera los 4.000 metros. Abre todos los días y la entrada cuesta 11 euros (se puede reservar por internet y es libre o si se quiere guiada pagando un extra), pero de lunes a viernes a las 9.30 es gratis.


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