“Ir al Carnaval de Cádiz es mucho más que un viaje físico”

 

Ana Vázquez Toscano

25 de enero 2018

 

Es una jartible del Carnaval, “y a mucha honra”, apostilla. María Luisa Páramo (Ciudad Real, 1952) no tenía ningún vínculo especial con Cádiz más allá de alguna escapada de verano y, sin embargo, quedó completamente embriagada por la ciudad un mes de febrero. Pero no fue la fiesta sino las letras de los autores gaditanos las que la sedujeron hasta el punto de convertir el carnaval (sí, en minúscula porque ella lo analiza como género artístico) en el objeto de estudio de su tesis doctoral y de su libro ‘El carnaval de las coplas, un arte de Cádiz’.

 

De eso hace ya 25 años, por lo que muchos de sus amigos bromean con que se ha ganado a pulso el “Adoquín de Oro”. Pocas personas tienen tantas horas de calle encima como ella y, menos aún, su profundo conocimiento acerca de una manifestación artística tan identitaria y genuina de Cádiz como esta.

 

Les invitamos a un viaje por el carnaval menos conocido, por ese que improvisa casi en tiempo real, que se ve y oye en cada esquina de Cádiz durante todo el año, por ese que apenas necesita máscaras y que, en definitiva, es capaz de reírse de todos y de ninguno al mismo tiempo.



 

¿Cómo fue esa primera vez en los Carnavales de Cádiz hace ya más de 25 años?

Alucinante, en su sentido más estricto y literal. Había momentos en que no éramos capaces de distinguir dónde estábamos. Era meterse en una fantasía, en un festival andante en el que, al llegar a cualquier calle, encontrabas a un grupo de personas cantando, metidos en un papel, que transmitían mil emociones y mil sensaciones: desde la risa hasta, a veces, la lagrimita.

 
¿Qué es lo que más le fascinó?

Sin duda, cómo utilizaban la palabra. Hay que tener en cuenta que yo tengo cierto vicio por el lenguaje porque, además de periodista, soy lingüista. Y claro, ver con qué arte e ingenio utilizan la palabra sin ser profesionales de eso, fue lo que me enganchó. Esperaba escuchar coplas divertidas y graciosas porque no llegué a Cádiz sin saber nada del Carnaval, pero cuando vi que no era un grupo o dos, sino el pueblo entero cantándose los unos a los otros mientras otros íbamos a mirar y a escuchar, fue fascinante. Esa maestría con la que utilizan el lenguaje… ahí me di cuenta de que, en el Carnaval de Cádiz, lo principal son las coplas.

 

Y esa capacidad de improvisación que tienen, ¿no?

Exacto, es que acaba de ocurrir algo y ya están en eso. Cuento en el libro la anécdota de cuando un ordenador de un periodista empezó a echar humo durante el cuarteto del Morera y, en la misma sesión, Bienvenido cantó una copla de lo que había ocurrido. O lo del Papa, que renunció a las 12 de la mañana y a la una y pico los de ‘El Perchero’ ya lo estaban cantando. Es muy difícil hacerlo más rápido.

 

 

Dice en su libro que el Carnaval de Cádiz es profundamente desconocido hasta por quienes dicen que lo aman.

Sí, pero es así, pasa. Es tremendamente preocupante que no lo conozca la gente de fuera, pero es que, en Cádiz, sigue habiendo gente que no lo valora, que como es una cosa que está ahí… Como a la gente de Madrid le puede pasar con El Escorial, por ejemplo, que piensa, bueno, pues sí, es bonito, ya iré.

Y no me refiero a que se sepan el nombre de las agrupaciones o los autores, sino a que todavía estén discutiendo, por ejemplo, si el carnaval es un género artístico. Muchos piensan que es un arte o una diversión porque a unos les gusta hacerlo y a otros verlo. Pero no van más allá. Es como si dijéramos que el jazz en Nueva Orleans es sólo una diversión, no un arte, porque allí lo viven así.

 

Ana López Segovia, una de las pregoneras de este año, escribe en su Prólogo que en Cádiz hay una sensibilidad especial para elaborar coplas y que en cualquier esquina puedes encontrar a tres niños cantiñeando a tres voces de manera intuitiva, sin que nadie se lo haya enseñado. ¿No tiene esa imagen un poco de tópico o mito?

No. Es que eso, que efectivamente pasa, es fruto de una tradición, de un aprendizaje no reglado, de haberlo mamado aunque tu familia no sea precisamente carnavalera. En Cádiz se escucha y oye carnaval continuamente. Y aunque hay gente que no se ha enganchado a esa tradición, lo cierto es que los niños lo aprenden sin ser conscientes de lo que están aprendiendo. En mis primeros años en el Carnaval, me acompañó un amigo musicólogo de la India que hizo sus tesis sobre el flamenco y, por tanto, sabe mucho de músicas populares españolas, y cuando yo le preguntaba cómo eran capaces de hacer esto con tanta maestría siempre me daba la misma respuesta: es la tradición. Por tanto, no mitifico cuando hablo de esa sensibilidad, es algo totalmente explicable.

 

¿Cualquiera puede entender el carnaval de Cádiz?

En el sentido estrictamente lingüístico, no. Es decir, la mayor parte del carnaval se hace en el habla de Cádiz y si se dice que Rajoy es un sieso, hay que saber lo que es un sieso allí para entenderlo bien. También hay ciertos aspectos gramaticales que a veces te pueden interrumpir la comprensión, pero es que, incluso fuera de lo que es la lengua y sus formas, para poder entenderlo bien, hay que estar al día no sólo de la actualidad nacional, sino de la local y, más aún, de la del propio mundillo del Carnaval. Quizás estos son los dos impedimentos fundamentales, pero sí que se entiende muy bien el espíritu y en cuanto alguien te dice a qué se refiere tal palabra o tal frase, ya no existe ningún problema para entenderlo, seas de donde seas.

 

Se lo preguntaba porque ya sabe de la polémica surgida a raíz del estreno de ‘La Peste’ por el acento andaluz de los protagonistas.

A ver, puede costar un poquito al principio hacerse porque, además, el acento depende de las zonas. Pero es lo que tienen las hablas, que son muy creativas. No creo, sin embargo, que sea un problema fundamental, está más en el prejuicio de la persona que lo escucha. De hecho, lo interesante es que ellos pueden cambiar de registro y hablar en un castellano normativo sin ningún problema. Hay agrupaciones como la de ‘El Perchero’ que cantan en castellano normativo, pero después meten cosas como que el Cristo del Corcovado se da un peshaso. Quizás podrían haber dicho un tripazo, pero no es lo mismo.

 

En su libro transcribe las coplas en el habla gaditana, no sé si por eso le han llegado algunas críticas…

Al contrario, lo que me han llegado han sido otras personas que están escribiendo también sobre el carnaval y que me han preguntado datos concretos sobre cuáles han sido los aspectos que yo he tenido en cuenta en esas transcripciones porque se entendía muy bien.

 

¿Y críticas por escribir del Carnaval de Cádiz sin ser de Cádiz?

Nadie ha llegado a decírmelo directamente, pero sí me lo han insinuado. Y precisamente por eso quise pasar por el filtro de un Tribunal de tesis, académico, antes de publicarlo. Obviamente, era un control de expertos en todos los temas de los que yo estaba hablando, no un control de gaditanos, pero, efectivamente, yo llegaba con un libro sobre el carnaval basado en una tesis muy bien calificada.

Lo que sí me han dicho algunos gaditanos muy entendidos, y eso me parece interesante, es que les parecía importante mi visión por ser precisamente una visión externa y muy documentada, porque han sido casi 10 años de trabajo.

 

¿Se le pueden poner límites al humor en Carnaval? Se lo pregunto por la que se ha liado con las letras dedicadas a Puigdemont, que han abierto hasta los telediarios nacionales en prime time.

El carnaval tiene que ser libertad cien por cien, porque para eso está. No se le pueden poner puertas al campo: es una catarsis, es decir lo que te dé la gana, aunque, eso sí, durante un ratito. Quizás si escuchas algunas coplas en otro momento del año, puede chocar más, pero hay que saber lo que es el carnaval como género, que no es sólo el humor, es la crítica, el insulto y lo que haga falta porque eso es precisamente lo que lo convierte en carnaval, la libertad. Si no, sería otra cosa. Además, quien critica estas cosas no sabe que los gaditanos, de quien primero se ríen, es de ellos mismos. Y luego, de todos los demás…

 

Que se lo digan, si no, a sus políticos e incluso a la Casa Real, ¿no?

Exacto. ¿Y qué pasa, que Puigdemont tiene un estatus especial? Pues no.

 

¿Y qué le ha parecido que la chirigota del Selu haya actuado en el último mitin de cierre de campaña de Ciudadanos en Cataluña?

Pues, parafraseando precisamente las palabras del Selu en su chirigota ‘Con el sudor del de enfrente’, lo respetamos. A ver, yo creo que lo que ocurre es que pensamos que la crítica está siempre de parte de la izquierda. Y el carnaval es crítica. Yo tuve mucho interés en ver la actuación para ver qué coplas seleccionaban y, efectivamente, eran muy lights, podían haber utilizado otras. ¿Está bien que hayan ido? Yo creo que sí, que están ganándose la vida y no se le pueden poner demasiadas trabas a un contrato cuando, además, no los tienen todos los días. Ahora, yo me metería más con la selección de coplas que hicieron que con el hecho de que fueran.

 

Supongo que, en este tiempo de Redes Sociales e inmediatez, todo se magnifica también. ¿Teme que el Carnaval se convierta en otra cosa con tal de llegar a un público más amplio?

Puede afectarle, claro, pero ahí están las agrupaciones y los autores para decidir qué quieren hacer. El auténtico cambio de tendencia se vivió con la llegada de la televisión cuando las agrupaciones, poco a poco, fueron siendo cada vez más visuales y algunos chistes ya no se entendían si no los veías. Pero también se produjo un cambio cuando, mucho antes, se empezaron a retransmitir por la radio y los viejos carnavaleros también decían que eso no era carnaval. Es decir, que como cualquier otro aspecto comunicativo, el carnaval siempre ha estado sometido a las tecnologías. Así que está en manos de los autores y autoras, que convertirán el carnaval en los que ellos quieran que sea, ni más ni menos.

 

 
Me interesa mucho conocer su visión del Carnaval como estudiosa del tema, pero también como mujer feminista. Da un dato demoledor en el libro: tan sólo hay 3 letristas mujeres frente a 132 letristas hombres. ¿No le parece increíble?

¡Sí, y hasta este año, en 2018, por primera vez en la historia, no ha habido una letrista femenina de chirigota en el carnaval oficial!

De todos modos, hasta cierto punto lo entiendo muy bien: estamos hablando de una actividad pública donde intervienen muchos más factores que en lo privado y donde a las mujeres no se les juzga igual que a los hombres. Y en Carnaval, una mujer tiene que tener mucho cuidado con lo que dice y, más, en el carnaval oficial. Eso, claro está, si se atreve a hacerlo, porque hay muchas que no se atreven, puede que por comodidad o incluso por miedo. Creo, además, que hay una gran falta de conciencia en las mujeres y que es el momento de seguir haciendo crítica de los machismos cotidianos, pero también de la actitud de las mujeres. Porque, a veces, es muy cómodo quedarse donde una está para que no la molesten… Y ya se sabe que si una saca los pies del tiesto, la van a molestar. Por eso, a las que se atreven a salir, que son muy pocas, hay que apoyarlas y aplaudirlas independientemente de que te gusten o no.

 

Imagino que estará expectante, entonces, por escuchar el pregón de este año y a Las Niñas, ¿no?

Sí, estoy convencida de que su pregón será revolucionario. ¿Sabes qué es lo más interesante? Que con su elección como pregoneras no sólo se reivindica el papel de la mujer sino, también, el carnaval de la calle, así que felicito a quienes han tenido la idea de escogerlas, porque en ella se dan las dos cosas y seguro que será para recordar.

Lo que más me gusta de ellas, además, es que son muy mujeres sin ir de feministas. De hecho, cuando las tachan de agrupación feminista, aludiendo al año en que fueron de ‘Janes’, siempre contestan: “¿Feminista, carajo? Si resulta que hacemos de una tía que es capaz de vivir en una selva sólo por los polvos de un tío… ¿Eso es feminista?” (Risas) Quizás por eso comunican mejor que las que llevan la etiqueta por bandera. De hecho, hay que tener mucho cuidado con las etiquetas porque, a veces, cuando un término se pone de moda, se vacía de su auténtico contenido y eso es un peligro. Ellas, sin embargo, no le dan bombo a que son feministas pero son las irreverentes y revolucionarias número uno.

 

¿Puede cambiarte ir a un Carnaval de Cádiz?

SI hablamos de viajes, desde luego, ir al Carnaval de Cádiz es mucho más que un viaje físico. No es sólo algo lúdico –que también y, cómo no, muy divertido–, pero la verdad es que te hace reflexionar y consigue que veas la realidad de otra manera. Esa ha sido mi experiencia personal y la de cientos de amigos que han venido conmigo a Cádiz en estos últimos 25 años. Vuelven a sus casas y empiezan a relacionarlo todo con lo que han visto y escuchado esos días. Porque te han mostrado la realidad de otra manera y, además del típico recuerdo que te puedes comprar, lo que te traes de Cádiz es un souvenir personal impresionante que te hace tamizar la realidad.

 

¿Qué consejo le darías, pues, a un profano que decide ir por primera vez?

Que escuche con mucho cuidado. Que se divierta todo lo que quiera, por supuesto, pero que ponga el oído cuando empiecen a cantar. ¿Sabes del típico grito del Carnaval de “amo a escushar”? Pues eso, que escuchen que no se van a arrepentir.