La Ciudad tres veces Santa, un destino histórico para vivir la Pascua
Laura Blanco Alegre
Laura Blanco Alegre
@lblancoalegre
5 de abril de 2019

 

Independientemente de las creencias religiosas de cada uno, o la ausencia de ellas, lo cierto es que visitar los lugares santos de Israel se convierte en una vivencia entre la historia y la reflexión ideológica y filosófica que deja huella.

 
Texto y fotografías de Laura Blanco Alegre

Hoy, es una zona de tensa calma donde cualquier chispa enciende el conflicto y al norte, en Galilea, un paseo en barco por las tranquilas aguas del lago Tiberiades estremece, porque este remanso de paz -de lo poco que permanece inalterable de la época de Jesús de Nazaret y de mucho antes- está rodeado de países como Egipto, Jordania, Libia y Siria que desgraciadamente son noticia internacional a diario por conductas humanas totalmente contrarias a los mensajes que las Sagradas Escrituras ponen en boca de Jesús de Nazaret en sus enseñanzas a los pescadores, por quienes comenzó su misión evangelizadora.

Ceremonia del bautismo en el Jordán de fieles de la iglesia etíope, al otro lado la frontera jordana

Vestigios de lugares sagrados

En Galilea nació Jesús. Nazaret conserva unos restos que se atribuyen a la casa familiar en el sótano de una de las numerosas iglesias construidas sobre los vestigios de los lugares santos y en Belén el famoso portal, que nada tiene que ver con el que recreamos cada Navidad en nuestras casas a fuerza de las construcciones levantadas en el lugar por las distintas religiones (hoy predomina la decoración ortodoxa y católica). Porque una de las cosas que hay que tener en cuenta al visitar Tierra Santa (el conflicto árabe-israelí hace preferible hablar de tal ya que los lugares santos saltan constantemente de territorio israelí a palestino) es que la mayoría de los sitios sagrados han sufrido continuas construcciones y destrucciones a lo largo de los siglos. Como mucho, se conservan restos de antiguas construcciones bizantinas a partir de los cuales se sabe que los primeros cristianos ya rendían cultos en esos sitios y de ahí que se identifiquen con los lugares mencionados en la Biblia. Pero sobre la mayoría de ellos, posteriormente se han ido superponiendo mezquitas e iglesias de forma que las construcciones que hay actualmente son bastante modernas, a partir de la creación del Estado de Israel en 1948 y el establecimiento del statu quo en la ciudad de Jerusalén para tratar de mantener una paz sobre la ciudad tres veces santa (para cristianos, judíos y musulmanes) que pese a ello, aún sigue siendo foco de conflicto y tensión constante (lo que no significa inseguridad).

Vista del Monte de la Tentación, ubicado en Cisjordania junto a Jericó, con el monasterio griego ortodoxo excavado en la roca

Cuando se aproxima la Semana Santa católica y la Pascua judía, Jerusalén cobra todo el protagonismo, así como algunas pequeñas localidades próximas como Betania -actualmente bajo la Autoridad Nacional Palestina- donde se encuentra la casa de Marta y María en la que Jesús y los discípulos solían reposar y la tumba de su hermano Lázaro, al que resucitó, o Jericó, considerada la ciudad más antigua del mundo, si bien las ruinas no están suficientemente puestas en valor y la visita sólo merece la pena si se toma conciencia de que este lugar está habitado desde el 9.000 a.C. Jericó es el escenario de algunas curaciones milagrosas a mendigos ciegos de Jesús y en el camino entre ésta y Jerusalén transcurre la parábola del Buen Samaritano.

Vista desde el Monte de los Olivos

El Monte de los Olivos

Una de las visiones más espectaculares de Jerusalén es la que se obtiene desde el Monte de los Olivos, a medio camino entre la ciudad y Betania donde en los días de la Pascua judía en los que Jesús ya se sabía perseguido se paraba a orar con sus discípulos antes de volver a acogerse en casa de Marta y María, y donde fue apresado tras la traición de Judas. Junto al lago Tiberiades, es otro de los escenarios que es seguro que está en el mismo sitio que hace 2.000 años, aunque los grandes olivos que hoy pueden contemplarse (y cuyas ramas bendecidas o aceite de sus frutos se venden) serían entonces apenas pequeñas ramas. El más antiguo datado por el Carbono 14 en torno a esa fecha está destacado y protegido especialmente. Mientras siguen creciendo nuevas cepas plantadas, entre otros, por los últimos Papa. A los pies del monte de los olivos se erige también un lugar muy especial para los judíos, el cementerio más antiguo de la ciudad (de hace 3.000 años, época del Segundo Templo) y el más importante de Israel. Se divide en dos partes, la más baja de la ladera próxima al Valle del Cedrón -donde se encuentran las llamadas Tumbas de la Aldea de Siloé, hoy vacías, y caracterizadas por ser parte integrante de viviendas habitadas- y la parte más alta y próxima al Monte de los Olivos, donde se alternan panteones y tumbas muy sencillas sobre las que es costumbre depositar no flores sino pequeñas piedras con las que los judíos aspiran a reconstruir su Templo.

Cementerio judío al pie del Monte de los Olivos

Al lado derecho de esta parte del cementerio arranca el escarpado camino que recorrió Jesús el primer día de Pascua de camino a Jerusalén montado en un burro (el popular pasaje recreado como La Borriquita en la imaginería católica), y entró por la puerta dorada de la muralla de la ciudad, hoy sellada por Solimán el Magnifico -constructor de la actual muralla que data del siglo XVI sobre la antigua romana- al ser un lugar de peregrinación y culto de los cristianos. La muralla que actualmente rodea la ciudad vieja de Jerusalén tiene en total once puertas.

 
El Monte Sión y la gran traición

Uno de los espacios que más avatares históricos ha sufrido es el lugar identificado en el Monte Sión como el Cenáculo en el que Jesús celebró la última cena con sus discípulos, y les anunció su inmediato destino por el que esa misma noche sería traicionado por uno de ellos y apresado para morir cumpliendo la voluntad de su Padre y resucitar al tercer día para salvar a los hombres. El lugar es hoy una estancia privada desacralizada que se alquila incluso para reuniones y celebraciones, además de poder visitarse siempre que sus propietarios estén disponibles. Fue lugar de peregrinación de los cristianos desde el siglo IV pero el edificio ha sufrido múltiples construcciones y destrucciones. Se cree que originariamente era una sinagoga donde ya el emperador Teodosio construyó una iglesia a la que siguieron otras arrasadas por persas y califas, reconstruida como basílica por los cruzados, pero es uno de los lugares santos que ninguna de las confesiones religiosas presentes en Jerusalén ha logrado recuperar.

Panorámica de la explanada de las mezquitas

Justo al lado se alza una iglesia, moderna aunque con mosaicos bizantinos en su interior, llamada San Pedro en Gallicantu, nombre que hace referencia a las palabras proféticas que Jesús dirigió a Pedro en un aparte de la cena al decirle que antes de que cantara el gallo le negaría tres veces, como así ocurrió cuando tras ser apresado el Mesías, los discípulos corrieron a esconderse y en concreto a Pedro le preguntaron si conocía a Jesús y por tres veces dijo que no. Junto a esta iglesia hay unos restos arqueólogos que se ha identificado como los del Palacio de Caifás, sumo sacerdote de los judíos que ordenó apresar a Jesús cuando oraba en el Monte de los Olivos camino de Betania tras la cena. Por debajo discurre un sistema de cuevas donde pudo pasar la noche arrestado hasta que a la mañana siguiente fue conducido ante el prefecto romano, Poncio Pilatos, que debía autorizar la condena a muerte dictada por Caifás.



 
El viacrucis

Del Pretorio, el palacio en el que Poncio Pilatos pasaba los días de la Pascua judía en Jerusalén junto a una guarnición de soldados romanos para evitar que se produjeran disturbios durante las fiestas, no se conserva ningún resto en Jerusalén. La tradición lo ubica junto a la Fortaleza Antonio, donde los cruzados implantaron en el s.XII el inicio del viacrucis que durante todo el año pero sobre todo en Semana Santa recrean miles de creyentes de todo el mundo atravesando el barrio musulmán. Ha habido épocas de tensión en las que ello suponía todo un reto -los cristianos son actualmente una minoría en Israel- y aún hoy las miradas de unos y otros a veces se cruzan desafiantes o burlonas, pero lo cierto es que se ha convertido en algo tan cotidiano que casi pasa desapercibido para los ciudadanos de allí. Desde fuera sí choca el recogimiento con el que los católicos portan la cruz a cuestas rezando el Rosario y deteniéndose ante cada estación (señalizada) rodeados del bullicio de tenderetes de abalorios, ropas y especias. Los judíos no atraviesan esta zona. Debajo del actual nivel del suelo se pueden visitar, entrando en la iglesia que recrea la estación en la que tras caerse, los soldados ordenan a Simón de Cirene ayudar con la cruz a Jesús, una parte de la calzada romana original de la época que se conserva. En la segunda estación del Viacrucis se erige la Iglesia de la Flagelación, recordando las torturas y burlas a Jesús antes de emprender el camino al Gólgota, si bien allí no hay ningún resto de la columna a la que según la Biblia fue atado para ser azotado, sino que hay fragmentos de ésta repartidos por la ciudad y también en varias capillas del Santo Sepulcro.

En la fotografía superior la Ví­a Dolorosa que fue creada en el siglo XIII con las estaciones del ViaCrucis camino al Gólgota señalizadas.
En la imagen inferior Viacrucis de fieles católicos que reproducen el camino al Gólgota de Jesús con la cruz a cuestas con paradas en las estaciones para leer los pasajes de la Biblia y orar.

 

La Iglesia del Santo Sepulcro

La Iglesia del Santo Sepulcro es el culmen del peregrino o viajero religioso pero también un lugar imprescindible para cualquier viajero. Si el llamado statu quo logra mantener la tensa calma en toda la ciudad, en el interior de este templo la convivencia entre las tres religiones que históricamente reclaman sus derechos sobre la tumba de Jesús (Iglesia Ortodoxa Cristiana -es la Oficina general del Patriarca Ortodoxo griego-, Católica Romana -siendo los franciscanos los guardianes- y Apostólico Armenia) es aún más delicada, y además las comunidades copta, etíope y ortodoxa oriental cuentan también con capillas anexas que confieren al conjunto un aspecto arquitectónicamente caótico (sobre todo porque cada uno se ocupa de la conservación de su parte y no todas las Iglesias tienen los mismos recursos). Que un representante de una de las comunidades barra una baldosa de un espacio cuya custodia corresponde a otra puede ser suficiente para que estalle el conflicto, lo que exige un estricto reparto de horarios para la celebración de cultos en aquellos lugares compartidos o los que siendo lugar de culto para unos, están en el espacio custodiado por otros. Tanto es así que las llaves del templo las tiene una familia musulmana que se las va pasando de generación en generación y que cada noche acude a cerrar por fuera de tal forma que un representante de cada comunidad debe permanecer dentro toda la noche encerrado dentro o dicha iglesia perdería sus derechos, hasta que a la mañana siguiente un miembro de la familia custodia de la llave vuelve a abrir el gran portón. La ceremonia de cierre y apertura se ha convertido en todo un acontecimiento fotografiado y grabado por miles de turistas cada día.

Cada noche cierra por fuera la Iglesia del Santo Sepulcro una familia musulmana que custodia la llave

En el interior del templo, construido en el año 333 por el emperador Constantino I que tras convertirse al cristianismo e implantarlo como religión oficial del Imperio romano occidental, envió a su madre Helena a localizar el lugar exacto de la Crucifixión de Jesús se localiza el Monte Gólgota. Que nadie imagine un paisaje a cielo abierto porque está subterráneo, ya que de hecho el monte no era tal sino una cantera, según la tradición, con forma de Calavera, lugar de la Crucifixión (por un agujero los fieles meten la mano para tocar la piedra original). Al lado está la piedra de la Unción, donde José de Alimatea preparó el cuerpo, y un poco más alejado un templete rememora el lugar en el que las tres mujeres -Marta, María y María Magdalena- sufrieron al ver a Jesús en la Cruz.

1. Decoración de la zona del Calvario de la Iglesia del Santo Sepulcro.
2. Iglesia del Santo Sepulcro con el Edículo construido en el siglo XIX para preservar la tumba de Jesús.
3. Vista de la Iglesia del Santo Sepulcro con la Piedra de la Unción en primer plano.
4. Entrada al Santo Sepulcro.

Pero el lugar más sagrado del templo es el Santo Sepulcro. La controversia entre las diferentes religiones hace que el Edículo, templete construido por los griegos en 1810 -tras un incendio devastador- para salvaguardar la tumba de Jesús haya estado años apuntalado por el riesgo de derrumbe sin que se pusieran de acuerdo para su restauración hasta que finalmente lo ha sido restaurado. Coincidiendo con la restauración de este espacio de apenas tres metros cuadrados, dirigida por la Universidad Técnica Nacional de Atenas, por primera vez desde el siglo XVI se retiró la lápida de mármol sobre la que cada día rezan miles de personas. Se hizo al cerrar el templo a finales de octubre de 2016, sin publicidad, con apenas los principales líderes religiosos y unos pocos especialistas como únicos testigos privilegiados, y fue documentado por National Geographic. El resultado no removió los cimientos del cristianismo ni nada parecido pues lo que se halló fue una gran cantidad de material de relleno y tras ello una segunda lápida grisácea con una cruz grabada sobre una superficie algo más blanquecina que podría ser la roca original, ya que el sepulcro es descrito en la Biblia como una cavidad en la roca pues además era la forma de enterramiento tradicional de los judíos de la época. El proyecto es abrir un ventanuco en el lugar para que los fieles puedan ver la roca original, pero las cosas van despacio porque necesita de nuevo consenso. Aunque esta parte del templo está bajo custodia de la Iglesia Ortodoxa griega, y de hecho es un representante de la misma quien controla el acceso por la puerta de apenas 1,33 centímetros del Edículo donde solo caben a la vez una o dos personas, la Iglesia Católica tiene derecho a celebrar misa en el interior y vigilias durante algunas horas de la madrugada.

 
El Muro de las Lamentaciones

Judíos rezando en el Muro de las Lamentaciones

Al margen de los lugares santos del Cristianismo suponen visita obligada en Jerusalén el Muro de las Lamentaciones, los restos del Segundo Templo de los judíos y el lugar más sagrado para éstos al que hombres y mujeres (separados) van a rezar a cualquier hora del día o de la noche, con el clásico balanceo del cuerpo que algunos confunden con cabezazos contra el muro pero que es que la forma de orar de los judíos para quienes el movimiento del cuerpo al recitar los textos sagrados forma parte de la liturgia.

 
La explanada de las mezquitas

Explanada de las mezquitas, uno de los lugares con mayor vigilancia y control de seguridad de la ciudad. Se accede a través de arcos con escáner.

Sobre este muro se encuentra la explanada de las mezquitas, con la cúpula dorada de la Domo de la Roca, el edificio islámico existente más antiguo del mundo ya que data del año 691, y la Mezquita de Al Aqsa. Fue el califa omeya Abd al-Malik ibn Marwan quien inició la construcción del Domo de la Roca como santuario para peregrinos, creando una estructura para competir con los edificios de otras religiones existentes en la ciudad. Las paredes exteriores están hechas de porcelana y Suleimán el Magnífico las recubrió de azulejos de Iznik, que al igual que el recubrimiento dorado de la cúpula fueron restaurados el siglo pasado gracias a donaciones de los gobiernos de Arabía Saudí y Turquía o el rey de Jordania. Es uno de los sitios más sagrados del Islam junto a la Meca y Medina. Durante las cruzadas fue dada a los Agustinos, que la convirtieron en una Iglesia, y la mezquita de Al Aqsa fue el palacio del rey Balduino I en Jerusalén. Los Templarios la consideraron el Templo de Salomón y establecieron allí su cuartel general. Para los judíos está construida en el lugar exacto del sancta santorum de su Templo, y la roca que veneran los musulmanes es donde Abrahan se preparó para sacrificar a su hijo Isaac. Aspiran a recuperar el lugar, igual que reconstruir el templo, de ahí que sea uno de los lugares donde más se respira la tensión en Jerusalén (el acceso, de hecho está controlado y hay que pasar por detectores de metales y está prohibido todo símbolo religioso). Ni judíos ni cristianos -tampoco los turistas- pueden acceder al Domo de la Roca ni a la mezquita de Al Aqsa sin previa autorización especial. El lugar es territorio árabe pero es custodiado por la Policía israelí. Un ejemplo más del difícil equilibrio que se respira en un lugar que merece la pena visitar al menos una vez en la vida para ser consciente de hasta dónde puede llegar la sinrazón del ser humano convirtiendo en fuente de conflicto una ciudad tres veces santa.

Domo de la Roca y detalle de su decoración


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