Ellas, que conquistaron el mundo: las mujeres viajeras de la Historia
Salomé Machío
Salomé Machío
@smachio
15 de mayo de 2019

 

No fueron sumisas pero sí devotas. Devotas de la libertad. Desafiaron todos los estereotipos y condicionamientos sociales de la época que les tocó vivir. Aventureras y curiosas, a estas mujeres les unió una pasión inquebrantable: la de viajar a través del mundo trazando una ruta más allá de lo establecido. Lograron otra hazaña. Viajar a través del tiempo.  Para ser recordadas como las primeras mujeres viajeras de la Historia

 

Egeria, la primera viajera (siglo IV)

Partió de la antigua Gallaecia romana allá por el año 381. Recorrió en apenas tres años, más de 5.000 kilómetros para alcanzar el que era su destino, la Tierra Santa. Una peregrinación que la llevó a cruzar, en solitario y prácticamente a lomos de una mula, Italia, Constantinopla, Palestina, Egipto, Siria… Su motivación fue religiosa, por sus profundas convicciones, y la inquietud de conocer la inmensidad de un mundo privado a la mirada femenina. Pero su fe no era ciega y quiso comprobar por ella misma la fidelidad de las escrituras sagradas. Con alguna que otra decepción, como ella misma reconoció de puño y letra.

Porque todo lo que vio lo fue plasmando en las cartas que remitía a sus hermanas. Y ha sido gracias a ellas, aunque siglos después y tras diferentes investigaciones, como ha llegado a día de hoy la increíble travesía de esta peregrina de la historia.

Hay quienes la consideran una monja de la época pero en el siglo IV aún no existía esa figura. Incluso en 1984, para celebrar el decimosexto centenario de su viaje, se emitió en España un sello conmemorativo haciendo alusión a esta figura religiosa.

De la impronta y el misterio con el que el tiempo envuelve a esta pionera peregrina nos hablan la periodista Cristina Morató en su libro Viajeras intrépidas y aventureras (Plaza&Janés) y el también periodista de viajes Carlos Pascual en la obra El viaje de Egeria (Arcaduz).

 



Nellie Bly, el azote de Phileas Fogg (1864- 1922)

72 días, 6 horas y 11 minutos. Fue el tiempo que duró uno de los retos más celebrados de su tiempo, el de conseguir dar la vuelta al mundo en menos de los 80 días que empleó en la ficción el británico Phileas Fogg. El mismísimo Julio Verne, al que visitó en su travesía, la felicitó a través de un telegrama cuando culminó su hazaña.

Nellie Bly fue una de las primeras mujeres periodistas de Estados Unidos y llegó a convertirse en todo un fenómeno nacional a finales del siglo XIX por sus impactantes reportajes de investigación. Bly creó un nuevo género infiltrándose en sus historias para descubrir una verdad contada en primera persona. Célebre es su reportaje ‘Diez días en un manicomio’, en el que, tras infiltrarse como una interna más, denunciaba la situación de las enfermas mentales recluidas en Blackwell’s Island.

 Elizabeth Jane Cochran, su verdadero nombre, inició su celebrado periplo en 1888, siendo apenas una veinteñera, desde Nueva York. El periódico sensacionalista de Joseph Pulitzer, el New York World, publicó esta insólita travesía en una serie de reportajes. No sin antes, dudar de su capacidad como mujer: “Una mujer necesitaría un protector. Solo un hombre podría hacerlo” fue la reacción de su editor ante la propuesta de Bly, que venció y convenció.

 La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos (Capitán Swing) recoge esta serie de reportajes, escritos por una mujer precursora de su tiempo, que aportó una perspectiva feminista al periodismo de la época y  que llegó a ser corresponsal de guerra desde el Frente Este en la Primera Guerra Mundial.

 

Isabelle Eberhardt, una vida de novela (1877-1904)

Su vida fue tan corta como intensa. Hija ilegítima de un sacerdote de la iglesia ortodoxa rusa y una aristócrata alemana, murió a los 27 años sepultada por las aguas de los ríos Sefra y Mulen, al sur de Orán. Un final impregnado de ese romanticismo trágico que envolvió su vida.

Escandalizó a Europa y también al mundo árabe por el que se sintió fascinada y cuyos pueblos, desde Túnez hasta el Sáhara, recorrió entre 1889 y 1904. Lo hizo bajo la identidad masculina de Mahmud Saadi, para poder moverse con mayor libertad. Y adoptó la personalidad de un beduino que fumaba kif y bebía alcohol a pesar de haber abrazado la religión musulmana.

Hablaba varios idiomas y creció en un ambiente político e intelectual. Llegó al norte de África con su madre. Tras la muertes de sus padres y el suicidio de uno de sus hermanos, decidió que su nuevo hogar sería el norte de África, donde, a partir de los 20 años, se dedicó a explorar el desierto y a crear una nueva vida en Argelia.

Tenía grandes convicciones sociales y junto con los sufíes se enfrentó a los abusos de la colonización. Llegó a casarse con un soldado argelino.

Escribió artículos en periódicos franceses y algunos libros con pseudónimos masculinos. Para conocer su historia en profundidad es imprescindible la lectura de Los diarios de una nómada apasionada (Planeta). Esta obra recoge las notas de sus diarios entre 1900 y 1904, mostrando a una mujer valiente y sensual y una existencia marcada por sus apasionantes viajes. Una vida llevada al límite.

 


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