Siete pequeños rincones en siete grandes lugares

Dice el refrán que lo poco agrada y lo mucho cansa. En un mundo acelerado, de grandes ciudades a tope de prisas y estrés, a veces se añora lo diminuto. La tentación de buscar pequeños rincones donde reencontrarse con el sosiego, la paz y el silencio se convierte en algo necesario en determinados momentos

Para pisar el freno y desintoxicarse de la gran ciudad por unos días, te proponemos una selección de siete pequeños rincones

 

Ana Pérez Luna

28 de junio, 2018

 

Un artículo publicado en El Plural

 

Ronald Menti on Flickr



 
  1. Asolo, la ciudad de los cien horizontes.

Es un rincón al norte de Italia muy propicio para el descanso. Su anfiteatro, sus castillos y su catedral son verdaderos obsequios que ha dejado en este pequeño lugar el transcurrir de la historia y que, sin duda, invitan al viajero a deslizarse por ella.

Entre los lugares que, junto al Palacio de la Razón y la Catedral, deben visitarse sin falta, está la Plaza de Garibaldi.

También hay que acercarse a la Rocca, una fortaleza que data del siglo XIII cuya ubicación le permite ser vista desde la distancia. Se ha convertido en el símbolo de Asolo.

El cementerio, también cuenta con unas vistas espectaculares. Allí descansan los restos de dos mujeres importantes: la actriz de teatro Eleonora Duse, que fue amante del poeta Gabrielle D’Annunzio, y la internacionalmente reconocida escritora y fotógrafa Freia Stark.

 

2. Hallstatt, la sal como forma de vida

Situado entre el lago y montañas austriacas, se trata de un espectacular paraje que ha sabido aprovechar el estratégico emplazamiento que la naturaleza le ha dado. 

Esta ciudad, declarada desde 1997 Patrimonio Cultural de la Humanidad, cuenta con varias paradas interesantes.

Sin lugar a dudas su imponente lago, cuya contemplación pausada ya nos predispone para el disfrute del viaje, es una de ellas. Las minas de sal también son imprescindibles para adentrarnos en el pasado del lugar, un pasado que podemos completar en el museo de Hallstat, donde descubriremos 7.000 años de historia en 3D.

Te recomendamos una parada en la iglesia luterana que data de 1861 y cuya torre es casi la bandera de este lugar. La visita más curiosa (y tétrica) es a “la Casa de los huesos” donde, gracias a una antiquísima tradición austríaca, encontrarás más de mil cráneos, el último correspondiente al año 2004.

 

 3. Tenby, el sur de Gales que mira al mar

Un pintoresco lugar cuyo paisaje urbano nos devuelve a la realidad más colorida. Si bien no se trata de un lugar poco transitado, más bien lo contrario, merece la pena visitarlo por su preciosa estética.

En pleno centro de la ciudad encontraremos la Iglesia de Santa María, del siglo XV, un lugar que hay que descubrir junto con el Museo y Galería de Arte. Pero lo más vistoso de Tenby es la zona de la costa, un placer pasearla y toparse con la Isla Santa Catalina y su fortaleza: una especie de Mont Saint Michel, una isla que queda más o menos accesible por tierra dependiendo del nivel de la marea.

 

4. Honfleur, el puerto de los artistas

Visitar este pueblo marítimo es como adentrarse en el paisaje impresionista de Monet y descubrir con nuestros propios ojos la realidad que su pincel inmortalizó.

Os dejamos este artículo monográfico que publicamos recientemente sobre este destin: Honfleur, cuna del impresionismo.

 

José Antonio Gil Martínez on Flickr

5. Santo Estevo,los sonidos del silencio

Este monasterio convertido en Parador, es el espacio ideal si queremos huir del mundanal ruido. Está enmarcado en pleno corazón de la naturaleza gallega, en la Ribeira Sacra. Rodeado de silencio, paz y armonía, supone un perfecto paréntesis para recuperarse del ritmo diario. 

Recomendamos un paseo en catamarán a través del río para disfrutar de unas vistas privilegiadas de esta zona boscosa. Y para no volver sin los auténticos sabores y costumbres del lugar hay que probar la popular queimadagallega con su conxuroincluido…

 

Elena Merlika on Flickr

6. Schiltach, de vuelta al medievo alemán

Este pequeño rincón alemán destaca por sus preciosa estética de cuento. La belleza de este lugar, digno de ser paseado en cualquier estación del año, deja una bonita huella en nuestro recuerdo.

Su arquitectura, con estructuras de madera, le da un aspecto acogedor a sus casas y edificios, especialmente llamativa es la Plaza del Mercado donde está ubicado el ayuntamiento.

Muy relajantes y recomendables los paseos a orillas de los ríos que cruzan la ciudad.  

 

Luca Boldrini on Flickr
7. Honningsvåg, un lugar al norte del norte noruego

Es ideal para los más atrevidos. Si a la hora de desconectar no hay distancia -ni clima- que te detenga, es un destino perfecto para ti.

A este recóndito lugar, se accede bien por ferry, bien por un túnel bajo el mar con una longitud de 200 metros, o bien por aire pues cuenta con un mini aeropuerto.

El puerto es una zona preciosa donde disfrutar del peculiar colorido de sus construcciones. También parar a tomar algún licor que nos haga entrar en calor.

Son diversas las excursiones que pueden planificarse para conocer la zona: barcos que recorren la costa, excursiones en barcas neumáticas para conocer la ruta de los cangrejos reales, etc.