Tras las huellas de Hernán Cortés en Sevilla
Redacción Maleta Mundi
Redacción Maleta Mundi
@MaletaMundi
11 de mayo de 2017

 

Sabemos de su audacia, su ambición, su talento militar, su codicia. También de lo despiadado de sus métodos por los libros de historia y hasta por la aclamada serie Carlos V, Rey Emperador. Pero quizás no conozcas que Hernán Cortés, el extremeño que conquistó México en el siglo XVI, tuvo su último refugio en Castilleja de la Cuesta (Sevilla). Allí murió en 1547 a los 62 años sin llegar a embarcar hacia América, como deseaba, para morir en sus posesiones mexicanas.

 

Fue en el conocido como Casa-Palacio de Hernán Cortés, que actualmente es el colegio de las Irlandesas y que puede visitarse previa cita. Es todavía el edificio más ilustre de este municipio del Aljarafe sevillano, aunque ha sufrido muchas remodelaciones que lo alejan de su aspecto original. En la puerta que da paso a sus antiguos aposentos podemos leer una placa que reza “Aquí murió el gran conquistador de Méjico en 1547”. Ya dentro, merece la pena asomarse al jardín y buscar una curiosa lápida de pizarra con una misteriosa inscripción: “Cordobés”. ¿Un amigo, tal vez? Algo así. Es un homenaje al caballo que le salvó la vida en la conocida como ‘Noche Triste’, un famoso episodio de sus batallas americanas. Cortés se lo trajo cuando vino de México y aquí pasó sus últimos días.

 

 

En realidad el Palacio de Castilleja no era de Cortés, sino de su amigo el jurado Rodríguez, concejal por entonces del Ayuntamiento de Sevilla. Sintiéndose ya enfermo (entre otras cosas de disentería, una enfermedad muy común en la época), Cortés dejó la casa de Sevilla donde se alojaba. Se desplazó a Castilleja, sin dejar en ningún momento de intentar restaurar su posición. Hernán Cortés era un hombre muy rico. Pero no había conseguido su ambición de recuperar el gobierno de la Nueva España, del que fue desposeído por el Emperador por sus abusos de poder. Carlos V, que primero lo desterró de México, lo perdonó posteriormente otorgándole el título de Marqués del Valle de Oaxaca, algo con lo que no se conformó.

 

En Castilleja de la Cuesta redactó su último testamento: quería ser enterrado en tierras mexicanas. Cosa que finalmente ocurrió (no sin múltiples avatares: su cuerpo viajó casi tanto muerto como vivopues fue trasladado a distintas sepulturas a lo largo de los siglos antes de encontrar su destino definitivo. Pero esa es otra historia…).

 



El Palacio de Hernán Cortés, de estilo neomudejar y aire de fortaleza por sus recios muros y almenas, pasó después a manos de los Duques de Montpensier en el siglo XIX, que lo reformaron y embellecieron para convertirlo en su residencia de verano. La casa fue más tarde parte de la dote de la desventurada María de las Mercedes en su boda con Alfonso XII, lo que hizo que finalmente pasara a ser propiedad de la Corona Española. Tras muchos años de abandono, fueron las religiosas del Instituto de la Bienaventurada Virgen María, venidas de Gibraltar (todas de origen irlandés, de ahí el nombre) quienes ocuparon el inmueble, que hoy es un centro escolar concertado.

 

Monasterio de San Isidoro del Campo, primera sepultura de Cortés
Monasterio de San Isidoro del Campo (Sevilla)

Monasterio de San Isidoro del Campo. Fotografía: Juanjo (Flickr). Licencia Creative Commons (BY-SA).

 

Castilleja de la Cuesta no es la única parada en nuestra ruta tras el rastro de Cortés en Sevilla. Nuestro viaje continúa en el cercano monasterio de San Isidoro del Campo, junto a Santiponce. Allí fue enterrado Hernán Cortés antes de que se decidiera enviar sus restos a América. Fue en la cripta de la familia del duque de Medina Sidonia, bajo las gradas del altar mayor y con un epitafio que le dedicó su hijo y heredero Martín Cortés:

 

Padre cuya suerte impropiamente

Aqueste bajo mundo poseía

Valor que nuestra edad enriquecía,

Descansa ahora en paz, eternamente.

 
Convento Madre de Dios

Situado en la calle San José de Sevilla se encuentra este convento del siglo XVI. Un lugar regentado por monjas dominicas, donde se encuentran las sepulturas de Catalina, una de las hijas de Cortés, y de la viuda del conquistador, la sevillana Juana Ramírez de Arellano de Zúñiga, hija del conde de Aguilar y sobrina del Duque de Béjar. Se casó con ella en segundas nupcias (su primera esposa, con la que no tuvo hijos, murió en circunstancias extrañas en la Nueva España). Con Juana tuvo seis hijos, aunque las crónicas dan constancia de al menos otros cinco con otras mujeres, entre ellas la indígena maya conocida como La Malinche, amante, consejera, intérprete y un personaje clave en la vida de Cortés.

 

Monasterio de Santa María de las Cuevas
Monasterio de Santa María de las Cuevas, en La Cartuja (Sevilla)

Monasterio de La Cartuja de Sevilla. Fotografía: Marcela Escandell [CC BY-SA 2.0], via Wikimedia Commons 

 

Estatuas fúnebres de Juana de Zúñiga y Catalina Cortés, en el Monasterio de La Cartuja de Sevilla.

Estatuas fúnebres de Juana de Zúñiga y Catalina Cortés, en el Monasterio de La Cartuja de Sevilla. Fotografía: Hadhar (Flickr). Licencia Creative Commons (BY-NC-ND)

 

 

 

 

 

 

Otra parada recomendable es el Monasterio de Santa María de las Cuevas, en La Cartuja. Refugio habitual de Felipe II (hijo de Carlos V) y donde reposaron durante 30 años los restos de Colón. Un espacio que impresiona por su belleza y quietud y que en la actualidad alberga el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Allí, en uno de sus silenciosos patios, podemos contemplar una estatua de Juana de Zúñiga, representada orante y cubierta, que fue encargado para su tumba por el duque de Alcalá a Diego de Pesquera en 1575, junto con otra dedicada a Catalina Cortés.

 

 

 

 

 


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