Ayamonte, territorio de novela
Salvador Gutiérrez
Salvador Gutiérrez
@gutisolis
22 de febrero de 2021

 

Descubrió en Ayamonte el Atlántico, las playas –todavía salvajes, de Isla Canela y de Punta del Moral–, la belleza indescriptible de la desembocadura, el laberinto de caños y esteros que recorrían las marismas, ese laberinto que muy pocos conocen…

 

 

En mi última novela, El lenguaje de las mareas -publicada por Almuzara-, la inspectora Carmen Puerto se pone al frente de la investigación encargada de encontrar a dos chicas muy jóvenes, Sandra y Ana, desaparecidas en una de las playas de Ayamonte, muy cerca de la desembocadura del Guadiana, en la frontera fluvial de España con Portugal. 

El lenguaje de las mareas, del mismo modo que le sucede en sus capítulos finales a Los amantes anónimos -primero de los títulos protagonizado por Carmen Puerto-, es una novela de género, pero también es la excusa para abordar otros muchos asuntos, como pueden ser la avalancha de información que padecemos, las llamadas fake news, el uso abusivo de las redes sociales o la violencia de género. O para hacer un recorrido gastronómico, antropológico, patrimonial o medioambiental por la localidad onubense de Ayamonte y sus playas.

 

 



Sandra y Ana desaparecen tras abandonar un chiringuito llamado La hamaca -en realidad La haragana-, en la playa de Punta del Moral, muy cerca de la de Isla Canela. Aquí podemos comenzar nuestra ruta. Fantásticas las playas que van desde la desembocadura del río Carreras a la del Guadiana, interminables, de arena blanca, aguas entre azules y verdes y de pronunciadísimas mareas. Playas, además, no especialmente saturadas durante el verano, salvo en puntos muy concretos.

La investigación arranca en la población marinera de Punta del Moral, que rodeada por unas marismas que se caracterizan por ofrecer una belleza tan salvaje como laberíntica, ocupa gran protagonismo en la novela (no spoiler). “Aprovecho” El lenguaje de las mareas para narrar una de las historias más bonitas y singulares de los últimos siglos en Andalucía. El éxodo de familias de pescadores del levante andaluz, de Carboneras y Cabo de Gata fundamentalmente, que ante la ausencia de la pesca, sardina y atún sobre todo, decidieron recorrer el litoral hasta encontrar nuevos caladeros. Y tras un viaje muy largo y repleto de contratiempos, los encontraron en las tres “Puntas” de la costa de Huelva: Punta Umbría, Punta del Caimán y Punta del Moral. Curiosamente, casi 200 años después, los “punteros” siguen conservando el tono, las jergas, la gastronomía y hasta las fiestas de sus antepasados del “pueblico”, tal y como denominan a Carboneras.

 

 

La playa de Isla Canela aparece con frecuencia en El lenguaje de las mareas, así como Torre Canela, los caños y esteros, el Puente Internacional, que une España con Portugal en la desembocadura del Guadiana, y, por supuesto, Ayamonte. Hay secuencias en la siempre luminosa y jaleosa Plaza de la Laguna, en el blanquísimo y singular Barrio de la Villa, en el Paseo o en mirador del Parador Nacional, desde donde se puede contemplar uno de los atardeceres más emocionantes y deslumbrantes. En El lenguaje de las mareas se menciona con frecuencia el genuino y “cantarín” tono de los ayamontinos al hablar, así como algunas de sus palabras más características, de clara influencia portuguesa, como pueden ser alburraca o fechadura, y, como no podía ser de otra manera, su gastronomía también se cuela en la novela.  

 

 

La Caballa “aliñá”, la raya en pimentón, el arroz “caldoso”, de clara influencia de la herencia “levantina” de Punta del Moral, sus orondas y plateadas sardinas, los meriñaques -ostras salvajes, de gran tamaño y aspecto rocoso-, los longuerones, de la familia de las navajas; las habas “enzapatás”, las bacalaíllas secas, la pintarroja en amarillo -una especie de marmitako-, así como sus tradicionales y deliciosos chocos, tanto fritos, como a la ayamontina o con “papas”. O el pescado frito más tipico de la zona, las peluíllas y soldaditos, que son de la familia del lenguado, las mojarras, los “sapos”, el pez plata o el pez araña. Excelente el pulpo, asado, sobre las brasas del carbón, acompañado de verdura, en tomate, absolutamente delicioso, en arroz o con fideos, que es una receta muy habitual en Punta del Moral. Costa generosa en coquinas y mariscos, maravillosas gambas blancas y cigalas colosales, así como pescados exquisitos y de gran tamaño, como la corvina o la dorada. Y coca de postre, por supuesto, un delicioso y aromático dulce elaborado con almendra, harina, azúcar, vino, canela y limón.

 

 

Ayamonte, además de un espacio de una belleza descomunal, con unas puestas de sol que te hipnotizan, cuenta con todos los ingredientes para ser el escenario perfecto para una novela: con un pasado muy atractivo, repleto de leyendas; sus marismas son un abrupto y salvaje laberinto; es la frontera entre dos países, idiomas, culturas, y también entre dos continentes y, además, cuenta con una personalidad muy definida, plagada de palabras propias, acento, gastronomía, etc. Es decir, tiene mucho que contar y mostrar. Y, por tanto, mucho por descubrir.

Créditos:
Autor del Texto: Salvador Gutiérrez Solís
Autor de las fotografías: José Pascual.
Autor del vídeo: Toño Méndez.
 

3 comentarios sobre “Ayamonte, territorio de novela

  1. Es un libro que engancha muchísimo al lector, además las descripciones que hace de los lugares son tan exactas, que hace que te transporte allí mientras lo estas leyendo. Lo tiene todo intriga, misterio. Me ha gustado muchísimo y estoy deseando que saque el próximo en libro.

    • Muchísimas gracias por tus palabras, no sabes cuánto te las agradezco. En abril, si todo va como lo esperado, publico Los amantes anónimos, que es el primer caso de Carmen Puerto. Es una versión “mejorada” sobre la primera edición, que está agotada. Espero que lo leas y que te guste! Muchas gracias!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.