Isla de Ons, un lugar para desconectar con permiso de la Santa Compaña
Laura Blanco Alegre
Laura Blanco Alegre
@lblancoalegre
16 de noviembre de 2020
 
La Isla de Ons forma junto a Cíes, Sálvora y Cortegada, el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas, que aspira ahora a ser Patrimonio de la Humanidad, un territorio hoy apenas habitado de playas paradisíacas a un lado y escarpados acantilados al otro donde la mitología gallega se respira en cada rincón

Hay un lugar en el que la luz del frontal de un corredor es capaz de pegar un susto de muerte a una vecina que inmediatamente piensa en “la santa compaña”, esa procesión de ánimas del purgatorio que forma parte de la mitología gallega, ya saben, la tierra donde las meigas o brujas “haberlas haylas”. El aislamiento tradicional de la Isla de Ons, integrante junto a las más famosas Cíes (y las desconocidas Sálvora y Cortegada) del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, hace que sea un lugar en el que este tipo de creencias estén especialmente arraigadas. Tal ha sido su tradicional aislamiento, dadas las condiciones adversas de la vida en una isla que antaño vivió de la pesca en dornas (barcas tradicionales) y pese a que apenas 14 kilómetros la separan de la costa de Pontevedra, que Ons cuenta con tres casas construidas para el cura, el maestro y el médico que nunca fueron habitadas. Porque su escasa población nunca contó con cura, maestro ni médico permanentes. Y eso pese a que tiene dos iglesias, la original con el cementerio alrededor (hoy cerrada al público y en el que desde hace décadas ya no se entierra a nadie) y una nueva construida en los años 60, en un intento de repoblar la isla, que recibe a los visitantes, con una peculiar torre cuya arquitectura valenciana nada tiene que ver con las tradicionales construcciones gallegas que pueblan la isla. Casas de granito con dos puertas y estancias (en una se dejaban las botas de pesca y los aperos sucios antes de entrar en la estancia principal) donde no faltan los tradicionales hórreos para salvaguardar el grano de los roedores (porque en Ons también su cultivaba la tierra y aún hoy pueden verse plantaciones de maíz  y campos labrados para autoconsumo).

Un paraíso natural que conserva las costumbres de la vida más tradicional

La Isla de Ons no es solo un paraíso natural cuidadosamente conservado desde su declaración de Parque Nacional -ahora aspira a convertirse en Patrimonio de la Humanidad no sin controversia entre los isleños- sino un lugar de gran interés antropológico como cuna de una población hoy muy reducida heredera de un modo de vida extinguido pero del que aún quedan interesantes reminiscencias.

Durante la temporada estival recibe algo más de un millar de visitantes al día como máximo para disfrutar de sus playas y acantilados (el acceso está restringido desde que es Parque Natural y es la Xunta la que concede permisos contados, gratuitos y que se gestionan en su web o al adquirir un pasaje de ferry o el alojamiento). Y cuenta con tres restaurantes, dos de ellos en el lugar donde históricamente estuvieron las dos tabernas en las que recalaban los pescadores tras faenar con sus dornas. Sin embargo, solo tres vecinos residen permanentemente en la isla. Sin contar a los fareros, oficio en el que se alternan tres hermanos, cada uno de los cuales cuenta con una estancia en el complejo del faro, que marca el final de la isla, para quedarse la semana que le toca a cada uno hacerse cargo de la tarea diaria de tapar con un lienzo la lente del faro desde que amanece, destaparlo al anochecer y mantener la óptica, luces y mecanismo giratorio en perfecto estado. Junto al imponente faro, que tiene su propia cadencia de haz de luz para que los barcos lo distingan del de Cíes y el resto de islas, hay un pequeño helipuerto para permitir llegar a Ons ante una emergencia cuando hay temporal en el mar y resulta imposible a los barcos no ya atravesar la ría de Pontevedra sino atracar en el muelle que hace las veces de puerto, de poco calado y en el que más de un barco se ha astillado al intentar aproximarse en días de mar picada.

 

Tradicional plato de pulpo gallego

Pulpo, zamburiñas, almejas, mejillones

El pulpo (dicen que Ons es de los pocos sitios donde aún es gallego y no marroquí debido a que el abuso de su captura ha acabado con las reservas), las zamburiñas, almejas, mejillones y arroces de marisco conforman la carta de Checho, Casa Acuña y O Piratas, siendo la gastronomía uno de los grandes placeres que se pueden disfrutar en Ons.

Pero sobre todo, la Isla de Ons es un destino para desconectar, alejarse del mundanal ruido (sobre todo si se hace noche en el camping o en algunas de las habitaciones o casas de alquiler) y experimentar algo del estilo de vida tradicional, por ejemplo, cuando las luces se apagan por completo a la 1 de la madrugada (un generador del Parque Nacional es el que suministra electricidad a toda la isla y tiene un horario: de 12 a 16.00 y de 19.00 a 1.00) y solo el faro ilumina los caminos sin farolas ni faros de coches, motos o bicis que alumbren de vez en cuando, por la sencilla razón de que no hay nada de eso en la isla (está prohibida su circulación). Las casas suelen tener cocina de butano y depósitos para acumular agua caliente durante las horas de luz eléctrica.

Vivir en usufructo

Cual utopía comunista, en la Isla de Ons no existe la propiedad privada, al menos en cuanto a las casas (algo que no ocurre en Cíes donde, en cambio, no vive ya absolutamente nadie de forma permanente). Los pocos isleños que aún residen en la isla, y quienes lo hacen al otro lado de la ría pero disponen allí de una residencia familiar, heredan el derecho de uso de las mismas. Sin embargo, no son propietarios, no pueden venderlas ni, en teoría alquilarlas, salvo las gestionadas legalmente a través de las empresas de los restaurantes (que llevan cada una de ellas una de las navieras de los ferris a la isla y varios alojamientos). Por ello el suministro de luz corre a cargo del Parque así como la recogida de basura (con tractores y se transporta en los ferris cada día). Ons es territorio Duty-Free para los isleños. Una pequeña tienda a modo de desavío (que regentan los dueños de Casa Acuña) ofrece los productos básicos, que cada mañana llegan en el primer ferry del día compartido con los primeros visitantes de la isla. Así que, el día que se suspende el tráfico marítimo por inclemencias meteorológicas, no llegan víveres tampoco.

 

Playas paradisíacas

Aunque son las playas de finísima arena blanca (que al estar formada por restos de conchas no se calienta al sol) y aguas transparentes las que más atraen a los visitantes en la temporada estival, ya que ciertamente resultan paradisíacas, Ons ofrece también atractivas rutas para los amantes del senderismo, siguiendo la línea de la costa sin perder de vista la ría de Pontevedra o en el lado opuesto por los acantilados que se abren ya al océano Atlántico, desde la punta del faro hasta el otro extremo de la isla donde hay un mirador con vistas al islote de Onzo (deshabitado), tras el cual se divisan ya las Cíes (en plural porque su terreno está dividido por una lengua de mar que cuando baja la marea permite pasar de una isla a otra). Subiendo al Burato do Inferno, una furna (cueva marina) hundida llamada así porque la tradición identificaba los ruidos provocadas por el aire penetrando por las rocas con los lamentos de las almas de los condenados (por si acaso, hay una cruz de piedra en el lugar) o cruzando de lado a lado la isla por la parte en la que más se estrecha.

El hórreo como símbolo de clase social

Todo ello sin olvidar un paseo por los “barrios” poblados de la isla para disfrutar de la arquitectura doméstica típicamente gallega donde llaman especialmente la atención los tradicionales hórreos junto a cada casa, cuyo tamaño y ornamentación indicaban el mayor o menor poder adquisitivo de la familia (hoy algunos los usan como lienzo para marcar su originalidad con decoración pictórica). Se preguntará cómo existen barrios en una isla de poco más de 4 kilómetros cuadrados de extensión. Pues como las meigas, haberlos haylos, y los límites entre uno y otro los marcan los antiguos lavaderos que aún se conservan, ya que cada barrio contaba con uno cuando el agua corriente no llegaba a las casas (prácticamente hasta antes de ayer) y que cumplían además las mismas funciones sociales para las mujeres que taberna Checho para los hombres. Hoy sirven de cría a los lagartos de la isla y otros anfibios autóctonos, que son junto a la avifauna (con las gaviotas como reinas, mucho menos agresivas que las de Cíes) los principales habitantes de Ons (no hay ganado salvo la yegua de uno de los tres vecinos permanentes). Por eso está prohibidísimo molestarles y alterar su hábitat.



 


Un comentario sobre “Isla de Ons, un lugar para desconectar con permiso de la Santa Compaña

  1. Avatar Antonio Pérez Rodrigo dijo:

    Muy bonita al igual que sus playas preciosa, me llama la atención que los bienes de viviendas y otros inmuebles sean en usufructo, hemos visitado Galicia las Islas Cies y la toja entre otras pero no visitamos la Isla Ons ” lastima “.

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