
La impronta del genial arquitecto hispalense destaca en Madrid, Aracena, Sanlúcar de Barrameda o Lora del Río como reflejo de su “amplísima actividad profesional”
Aquello de que nadie es profeta en su tierra queda un tanto en entredicho con figuras como la del arquitecto Aníbal González y Álvarez Ossorio (1876-1929), cuya huella brilla con incontestable esplendor en Sevilla, hasta el punto de formar parte indisoluble de la historia moderna de la ciudad que le vio nacer.
No en vano, la capital hispalense debe a Aníbal González, titulado como arquitecto en 1902, superando la reválida con el número uno de su promoción; no sólo monumentos como la majestuosa Plaza de España, máximo exponente de la Exposición Iberoamericana de 1929; el Pabellón Real o los actuales museos de Arqueología y de Artes y Costumbres Populares de la Plaza de América, también fruto de aquella muestra; sino además numerosos edificios ya parte indiscutible del patrimonio y paisaje urbano de Sevilla.
Hablamos de edificaciones como la emblemática Capilla de la Virgen del Carmen en la plaza del Altozano, las flamantes casas modernistas de las calles Alfonso XII y Almirante Ulloa, la que fuera subcentral de Sevillana de Electricidad en la calle Feria, el Antiguo Cine Trajano en la calle homónima del casco histórico, –otrora salón de variedades e incluso sala de cine X–; la que fuera fábrica de tejidos de la actual calle Torneo, la sede de la Compañía Catalana de Gas en el barrio de El Porvenir, –porque Sevilla es mucho más que su centro–; u otros edificios sin los cuales sería imposible imaginar la avenida de la Constitución, el Paseo de Cristóbal Colón o la calle Cuna, por ejemplo.
Pero como explica el catedrático de Arquitectura Víctor Pérez Escolano en un artículo recogido por la Real Academia de la Historia, este arquitecto con lazos con la familia Luca de Tena y casado con Ana Gómez Millán, hija del constructor José Gómez Otero; no sólo “se reconoció” en el denominado como “estilo sevillano”, creado por él mismo en el marco del movimiento regionalista de la arquitectura de aquella primera mitad del siglo XX, sino que además “fue reconocido en toda España” por ese rol y por su prolífica producción.
Pérez Escolano precisa en este artículo que la “construcción cultural” inherente en los diseños de Aníbal González desencadenaron en la Sevilla del momento “una rara identificación con la arquitectura”, principalmente por lo que supuso para la ciudad la Exposición Iberoamericana de 1929, con él mismo como arquitecto jefe y autor de monumentos como los ya mencionados en líneas anteriores.
Creador del «estilo sevillano»
Como destaca el libro La Exposición Iberoamericana de Sevilla: Historia de un empeño y una ilusión, publicado en 2019 por el 90 aniversario de la muestra, “puede decirse que Aníbal González es el creador de un nuevo estilo, el sevillano, y de esta forma lanza al exterior la imagen renovada de una Sevilla alegre, luminosa, casi onírica”. “Influido por el modernismo, Aníbal González crea su propio estilo, reinterpretando los históricos y procurando combinar la belleza absoluta con la funcionalidad”, resume sobre él esta obra coeditada entre el Boletín Oficial del Estado (BOE) y la Real Academia de la Historia.
Es por ello que según Víctor Pérez Escolano, a cuyo artículo regresan estas líneas; las construcciones de Aníbal González suscitaron una profunda “admiración” también fuera de su ciudad natal, pues este arquitecto “supo compaginar su amplísima actividad profesional centrada en Sevilla, pero con ejemplos diseminados por distintas poblaciones, especialmente en la Baja Andalucía, pero también fuera de ella”.
Y es que el legado de Aníbal González más allá de su ciudad natal constituye todo un capítulo también digno de mención, comenzando por ejemplo por la ampliación del edificio ABC o de Prensa Española correspondiente al paseo de la Castellana de Madrid, por encargo de la familia Luca de Tena, fundadora del rotativo y a la que estaba ligada el arquitecto.
Este inmueble diseñado al más puro estilo regionalista sevillano constituye una parte fundamental del conjunto arquitectónico del edificio de Blanco y Negro o de la Prensa Española, protegido desde 1997, marcando la huella del arquitecto andaluz nada menos que en una de las principales arterias de la capital de España, antes y ahora.
Destaca igualmente el edificio del número 2 de la calle Larga de Jerez de la Frontera, conocido popularmente como “El Gallo Azul” por el restaurante ubicado en él y que, como inmueble de proyección regionalista, supone “uno de los elementos constructivos más representativos del casco urbano” de esta ciudad gaditana, según el acuerdo de la Junta de la Andalucía de 2023 que lo incluye en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz y que destaca su “notable interés arquitectónico”.
En el corazón de la Sierra onubense
La localidad serrana de Aracena, en Huelva, atesora de su lado una preciada muestra de la obra de Aníbal González, fruto de la amistad del arquitecto con el marqués de la zona, Francisco Javier Sánchez-Dalp y Calonge.
Así, este municipio en pleno corazón de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche presume de su Casa Consistorial, del vistoso Casino de Arias Montano, con un diseño ceñido indiscutiblemente al regionalismo; o del sobrio y atractivo lavadero público de la Fuente del Concejo, usado hasta los años 70 para su finalidad primigenia y actualmente enclave patrimonial de la localidad.
Según destaca el propio Ayuntamiento de Aracena, la huella de Aníbal González en la localidad también brilla en la antesala de acceso a la famosa Gruta de las Maravillas, una extraordinaria cueva que acoge una concatenación de salas subterráneas, lagos y galerías en el vientre del cerro del Castillo de la localidad, con formaciones kársticas de extraordinaria belleza, estalactitas y estalagmitas, en una abrumadora demostración del poder de la naturaleza.
Las mansiones del núcleo de Aracenilla, una barriada diseñada al estilo del modelo inglés de ciudad jardín del siglo XIX y promovida por el marqués Sánchez-Dalp, constituyen otro buen ejemplo de su marca en la localidad serrana.
La ruta por la proyección de Aníbal González fuera de Sevilla capital tiene escala especial en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, plaza privilegiada en tantos y tantos aspectos como el patrimonio, el turismo o la gastronomía, que se enriquece además con la arquitectura del genio hispalense.
Aníbal González en Sanlúcar
A él se debe el antiguo chalé de veraneo de los marqueses de Villamarta, estampa regionalista en plena avenida de Bajo de Guía, otrora internado y después colegio público; la mansión de Villa Rosa recuperando el antiguo estilo arquitectónico inglés, la singular mansión modernista de Villa Luz o la monumental Villa Concha, entre los más destacados iconos arquitectónicos que pueblan de la avenida Bajo de Guía fruto del autor sevillano.
En total, Sanlúcar de Barrameda conserva de Aníbal González siete lujosas residencias de veraneo, una casa en pleno centro urbano y el atrio de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen.
En el ámbito de la provincia de Sevilla, pero lejos de la esfera de la capital andaluza, Aníbal González dejó su marchamo en el mercado de abastos de Lora del Río, un edificio de corte modernista con algunas reminiscencias del barroco, que engalana este pueblo de la comarca de la Vega del Guadalquivir.
Osuna, la Villa Ducal, presume además de que su monumental plaza de toros, escenario de no pocos productos cinematográficos, como secuencias de la quinta temporada de la famosísima serie Juego de Tronos allá en 2014, deriva de un diseño de este arquitecto, contando el recinto taurino con un túnel abovedado que evoca en buena medida al que recorre las entrañas del anfiteatro de la ciudad romana de Itálica, en Santiponce, localización también de la mencionada producción de HBO.
También la provincia de Málaga puede fardar de figurar en la ruta productiva del autor, con su casa Serrailler, un edificio de estilo neo barroco que constituye una de las últimas obras diseñadas por Aníbal González.
Una muestra de cómo la proyección de Aníbal González rebasó ampliamente los límites de la ciudad hispalense, donde como puntualiza el libro La Exposición Iberoamericana de Sevilla: Historia de un empeño y una ilusión, “las malquerencias y los continuos impagos motivaron en 1926 una grave crisis al dimitir Aníbal González de todos sus cargos” en el diseño de la Exposición Iberoamericana, a cuya inauguración en 1929 sobreviviría sólo 21 días.
Después, como destacan tales líneas, su memoria fue “ignorada, sino despreciada” durante largo tiempo y “sólo a comienzos del siglo XXI la ciudad ha cobrado conciencia de su gratitud hacia quien fue su arquitecto”.
Sevilla recupera su memoria
No fue hasta 2011, no sobra recordarlo, hasta que la ciudad honró en firme su memoria con una estatua en el centro de la avenida Isabel la Católica, a la que abre su abrazo arquitectónico la Plaza de España, obra cumbre de Aníbal González, un recinto en jaque actualmente con propuestas de cobrar la entrada a los turistas amenazando su tradicional papel de pleno espacio público.
La figura del brillante arquitecto, en cualquier caso, ha sido catapultada en los últimos tiempos, en buena medida al abrigo del ya cercano centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929, conmemoración para la cual ya ha sido constituida una comisión con la doctora en Historia del Arte y catedrática Amparo Graciani como comisaria.
Su prolija trayectoria ha sido relanzada, por ejemplo, con el reciente documental Aníbal. El Arquitecto de Sevilla, de Paco Ortiz. Además, está en marcha un proyecto para que el Pabellón Real de la Plaza de América, proverbial muestra de estilo gótico flamígero obra del propio Aníbal González, acoja un museo en torno a su figura y el movimiento regionalista en la arquitectura.
La idea es que el futuro centro museístico, en pleno parque de María Luisa, profundice en el legado de Aníbal González, con un recorrido por su obra, que como queda de relieve supera con creces las fronteras de la ciudad donde volcó lo mejor de su genio.













Sr. Barroso, del mismo modo que reseña las fuentes para las obras de Aníbal González en Sevilla o Huelva, también podría incluir las fuentes bibliográficas de donde ha tomado los datos para las obras de Aníbal González en Sanlúcar de Barrameda. No nombra usted el libro publicado por el nieto del arquitecto Aníbal González Serrano titulado «Inspiración, trabajo y constancia. Trayectoria personal y profesional del arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio» sobre toda su obra; ni tampoco cita mi artículo «La obra de Aníbal González en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 1901-1923», si bien ya traté este asunto en un libro anterior. Por cierto, en Sanlúcar existen nueve obras del arquitecto, más algunas atribuciones. Además, en Sanlúcar se conservan las primeras obras de Aníbal González, tras su primera obra madrileña.
Saludos Ana. Muchas gracias por aportar tales publicaciones, que tenemos en cuenta para próximos contenidos relacionados con el asunto como fuentes indudablemente valiosas; y por precisar el dato de Sanlúcar la Mayor, localidad especialmente apreciada desde estas líneas.